La lucha por la vida

El jueves pasado fui a Valladolid a contar cuentos en el Teatro Calderón dentro de la muestra “La isla de las voces”. Cuando bajé del coche después de aparcar (nunca suelo bajar del coche antes), escuché un “¡¡¡¡eeehhh!!!!, ¿qué tal?” que venía desde la otra acera. Imaginé que no iba por mí porque, a pesar de que había carteles con mi foto por varios rincones de la ciudad, la gente todavía no me para por la calle. Pero la voz insistió: “¡¡¡¡eeehhh!!!!, ¿qué tal?” y comprobé que, efectivamente, se dirigía a mí. Era un tipo acodado a la vera de un portal que me miraba con cara deforme y ojos extraviados. “¡¡¡¡Eeehhh!!!!, ven aquí” y me acerqué.
Aquel buen tipo, informe, respiraba felicidad por todas partes y necesitaba contar su historia a alguien.
A pesar de su felicidad la historia es dura: había sufrido un derrame cerebral y los médicos le habían augurado un negro futuro sentado en una silla de ruedas… y allí estaba él, de pie, dispuesto a demostrar al mundo de lo que es capaz el alma humana cuando se lo propone: “me dijeron que estaría toda mi vida en silla de ruedas y en dos meses ya andaba”. Todo esto, evidentemente, no lo dijo tan redondo ni tan seguido. Entre las secuelas del tumor estaba la trabucación de palabras y la confusión de términos: “mi prima, no, mi madre, no mi prima, no, mi prima es nosequién”. Cada vez que pasaba alguien por nuestro lado, le saludaba cordialmente: el mundo tenía que enterarse de que había sido protagonista de una recuperación portentosa.
Ya, para despedirnos, me ofreció la mano y se la estreché sabiendo a lo que me exponía… Efectivamente, me demostró entre risas casi siniestras que también había recuperado toda su fuerza y por un momento me hizo temer que tendría que hacer la función con la mano escayolada. Me soltó la mano y me la volvió a ofrecer y yo se la volví a estrechar y él me la volvió a estrechar, pero de verdad… Afortunadamente no decidió llegar hasta sus últimas consecuencias.
Me despidió con una sonrisa, feliz de haberme hecho partícipe de su hazaña y yo me alejé feliz de haber dejado destrozar mi mano para que siguiera sonriendo ante la vida que, a pesar de haberle deparado un tumor cerebral, no había conseguido arrebatarle la alegría.

Éste es el cartel de la muestra del año pasado en la que también actué:

Vaya, mientras buscaba el cartel de este año he tropezado con una agradable sorpresa. Una crítica que ha puesto en su blog una asistente a la función del otro día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s