El faro de Alejandría

Estas navidades he leído, entre otros, El faro de Alejandría, de Gillian Bradshaw. Tenía buena pinta: novela histórica que refleja los últimos momentos del esplendor de Alejandría y el inicio de las invasiones bárbaras que acabarían con el Imperio romano… Pero, aunque el ambiente está muy bien reflejado, la novela no acaba de ser creíble: una joven de Éfeso huye a Alejandría disfrazada de eunuco para evitar un matrimonio con un abyecto poderoso que quiere abusar de su poder. Ya en Alejandría, consigue estudiar medicina hasta conseguir ser una afamada médico (desde luego la filosofía y le medicina hipocrática están tratadas de modo excelente y a más de un médico quizá le pueda interesar las medicinas y recursos empleador para curar un variado tipo de enfermedades)… Pero son demasiadas las ideas modernas que se quieren poner en la cabeza y los pensamientos de la joven: no sólo la necesidad de la independencia de la mujer, sino también su visión de la esclavitud, su concepto del mundo, su visión de la religiosidad… Es también inverosímil que consiga pasar “inadvertida” unos cuantos años continuamente disfrazada de eunuco y quizá lo que más chirríe es que la historia está contada en primera persona, con estilo de novela moderna. Es imposible de todo punto una obra de este tipo “escrita” por Caris/Caritón de Éfeso.
Lo que no quiere decir que el libro no me haya enganchado a ratos. Simplemente es menos de lo que esperaba. Igual que esta entrada de blog, que esperaba que saliese un poquito más redonda y resultase más interesante. Quizá hubiese sido mejor si hubiese hablado del taller de danza que hemos tenido esta mañana o de la soporífera sesión de educación vial que nos dio un poli ayer (no he podido por menos que felicitar a los de segundo de la ESO por su heroísmo y su comportamiento imperturbable: el policía acabó encantado porque por primera vez en mucho tiempo había conseguido explicar más de lo previsto, incluso había podido colocar enterito el vídeo de la DGT). O quizá si hubiese hablado de la conversación que espero tener mañana para que R. vuelva a las clases y no deje el instituto definitivamente o si hubiese comentado la estremecedora entrada de E. en el cuaderno de escritura que les hago ir escribiendo a ritmo de tres caras de cuadernillo por semana.
En fin, que podría haber sido más interesante, pero no lo ha sido. Otra vez será, si la musa se nos digna.

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2 comentarios en “El faro de Alejandría

  1. Al final sí que apareció la musa, cuando dejaste de hablar del libro… Lo que yo nunca hago es acabar un libro que no me parece interesante, defectos que tiene uno (así no me he leído libros tan imprescindibles como Moby Dick o Madame Bovary); ¡qué merito acabarse ese libro con tantas páginas sin interés!
    ¡Un saludo!

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