“Moustroso” Halloween

Casi con la misma antelación que El Corte Inglés anuncia la llegada de la primavera, se empieza a anunciar la fiesta de Halloween, salida de no se sabe muy bien dónde (o sí, pero de cuyo nombre no quiero acordarme), que consiste en calabazas y gente disfrazada de monstruo.
El otro día vi un cartel en el que se anunciaba una de esas fiestas y en él ponían con letras muy claras que la fiesta estaría llena de “moustros” y desde luego, si lo que querían era asustarme, he de reconocer que lo consiguieron: se me pusieron los pelos como escarpias y un nudo en el estómago al ver el monstruoso “moustros”.
Cuando llegué a casa, todavía temblando de miedo, me puse a ver el partido de fútbol del Atlético contra el Recreativo.
Debe de ser la edad, pero cada vez me gusta menos el fútbol. Más que la edad deben de ser los comentaristas: ¿será necesario ir de graciosillo y comprometerte a decir tonterías durante noventa minutos para poder ser locutor deportivo? El año pasado ya llevaba mal los comentarios de Agustín sobre “la grandeza del fútbol”, pero este año me resultan más pesados y empalagosos los tipos de La Sexta. Intento hacer un ejercicio de abstracción para ver sin oír, sin embargo, al final siempre acabas escuchando algo.
Como decía, llegué a casa con el estómago revuelto por la aparición de los “moustros”, me senté a ver el fútbol y, de pronto, cuando todavía me estaba recuperando de un cruel dequeísmo de Salinas, soltó el locutor principal (de cuyo nombre también prefiero no acordarme): “es increíble, si lo tenía enfrente suya”…
¿”Enfrente suya”? ¿Y por qué no “enfrente suyo”? ¿”Enfrente” es masculino o femenino?… Sí, quizá estoy exagerando, quizá se trata una patada al diccionario que estamos demasiado acostumbrados a dar y ya casi no duele, quizá el error no es tan grave, porque tiene su origen en la posible alternancia, en determinadas estructuras gramaticales, de “suyo” y “de él” (un amigo suyo, un amigo de él). Pero no pude evitarlo: acabé por echar la pota… y cambiar de canal.
Que lo digan mis alumnos, alguno de los cuales es capaz de escribir “barqua” o “lla” sin despeinarse, pase, pero que lo diga un tipo cuyo instrumento de trabajo es la lengua, me resulta desolador. En fin, no quiero pensar mal suya. Lo mejor será olvidarse suyo y dejar de oír el fútbol.
Si Lázaro volviera yo sería su escudero, que buen “dardero” era.

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