Un claustro y una sonrisa

Ayer tuvimos el primer claustro: cerca de tres horas cargadas de avisos, consejos, buenas disposiciones, pedaleo, alguna que otra discusión y pocas propuestas concretas, porque a veces los problemas son irresolubles: ¿es mejor dejar entrar a los que llegan tarde? ¿se les deja en el patio? ¿en el (j)aula de estudio? ¿se les impide la entrada al centro?
En la sala de profesores he visto hoy un cartel con los acuerdos adoptados por un claustro del 2003 y coincidían alarmantemente con muchas de las cosas que se dijeron ayer.
A más de uno el claustro debería ayudarle a entender mejor a los alumnos y sus reacciones: quien habla piensa que está diciendo cosas fundamentales e importantísimas, pero quien escucha considera aquello una triste pérdida de tiempo que no sirve para nada y por la que se ha visto obligado a madrugar. Para hacer más llevadero el trago hay quien se lleva el periódico y lo lee más o menos discretamente, hay quien cuchichea (dejemos el verbo en “cuchichea”, aunque a veces hay que cuchichear más alto que el de al lado para hacerse entender), hay quien mira el reloj cada cinco minutos o se levanta y se va sin pedir permiso… El que habla hace que no oye el jaleo (como tantas veces ocurre en clase) y los que oyen hacen que escuchan interviniendo de vez en cuando (también como en clase). Y uno entiende que si la asignatura les importa a los alumnos lo que el claustro a los profesores, bastante hacen con estar.
Sin embargo, el claustro tiene también mucho de partido de fútbol, cuando acaba todos se olvidan del resultado y quedan tan amigos.
Después del claustro hemos tenido reunión por departamentos para elegir los cursos y las asignaturas y una vez más he comprobado que el ambiente entre profesores es envidiable. Para la elección el criterio que se ha tenido en cuenta es el de la antigüedad en el centro, pero haciendo una rueda, es decir, cada uno iba eligiendo un curso y cuando se acababa la rueda se volvía a empezar. Me he quedado con la lengua de un primero de ESO, tutoría incluida, con unos refuerzos también de primero, y con un 2º de ESO y un 4º. Quizá mejor de lo que esperaba, aunque, de todas formas, creo que echaré mucho de menos mis latines y mis griegos. No importa, creo que me lo pasaré bien, hasta en el claustro uno puede sacar una sonrisa. Sit nobis schola levis.

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