Defensa de la carta misiva y la correspondencia epistolar

Ése es el título de uno de los ensayos de Pedro Salinas que aparecen en El Defensor: lo leí hace años y he de reconocer que ya no me acuerdo muy bien de qué iba, pero sí recuerdo que defendía apasionadamente la carta manuscrita frente a la carta escrita a máquina, porque en la primera se refleja mejor la personalidad del autor y porque siempre tiene un carácter más personal.
No sé si tuvo que ver esa lectura o no, el caso es que hace dos años decidí fundar la Asociación en Defensa de la Carta Manuscrita (ADCM: adeceme) y para informar de su existencia mandé un correo electrónico a mis amigos, porque no pretende ser una asociación retrógrada y antiprogreso: el correo electrónico es un grandísimo invento.
Simplemente pretende recuperar el sabor irrepetible de una carta manuscrita, en un mundo en el que al buzón sólo te llegan cartas del banco, folletos de publicidad y revistas que nunca lees.
No se puede decir que la Asociación haya tenido un éxito rotundo. Más bien ha sido lo contrario, aunque ese verano recibí y escribí más cartas que de costumbre. Este año vuelvo dispuesto a relanzar la Asociación a la cual puede pertenecer cualquiera que se comprometa a escribir una carta manuscrita a algún amigo, amiga, novia, novio, familiar, conocido… La pertenencia a la Asociación, de momento, es puramente personal: si uno decide pertenecer a ella es bienvenido y sabe que pertenece, sin necesidad de decírselo a nadie. Es decir, no se trata de una Asociación para que la gente que no se conoce de nada se escriba cartas manuscritas, no. Se trata de una Asociación para que la gente recupere el gusto de escribir cartas a mano a sus seres queridos y para eso basta saber que no eres el único loco del mundo al que le gusta escribir y que le escriban.
Es innegable que se trata de algo obsoleto y anacrónico, pero no hay nada como imaginarse que, cualquier día de éstos, uno es destinatario de una carta que le han escrito a él sólo (o a él solo), basta con recordar la alegría que a uno le ha producido leer en otro tiempo alguna carta manuscrita para animarse a tomar un boli y un folio (o quizá una postal para empezar) y mandar unas letras. Al principio no serán epístolas, sino fragmentos un tanto banales y tópicos: “te mando estas líneas desde XXXXX, me lo estoy pasando estupendamente y el tiempo es buenísimo. Ya te contaré”. Es así de sencillo, no hace falta más. Aunque también se pueden escribir en una carta manuscrita cosas que a uno le gustaría decir, pero que sabe que nunca se atreverá a hacerlo…
A quienes os animéis a pertenecer a la Asociación os doy mi más calurosa bienvenida y enhorabuena. Quizá con el tiempo podríamos conseguir una subvención especial de correos y mejores tarifas. Es cuestión de empezar. Hoy puede ser el primer día…
Yo, de momento, lo voy a dejar hasta que acabé el túnel-parto de las oposiciones (mal empezamos): leí el viernes y no me puedo quejar. Salí mucho más contento de lo que entré, pero eso es otra historia y habrá que contarla en otra ocasión.

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