Fin del segundo asalto

La oposición tiene algo de borrachera. El viernes, cuando acabé el primer examen, de comentario de texto, me entró cierta euforia inmotivada, que al cabo de las horas se convirtió en un bajón y que al día siguiente se tradujo en pequeño dolor de cabeza originado por la resaca de pasarse tantas horas pensando y escribiendo.
Además, el cerebro, el muy traidor, poco habituado a estos menesteres, le debió de pillar gusto al asunto y siguió trabajando por lo bajini, de forma que cuando estaba intentando repasar algunos temas para preparar el examen teórico, de vez en cuando, de no sé qué zona del subsconsciente conseguía aflorar una luz cruel: “¿pero cómo no hablaste del valor desiderativo de aquel subjuntivo?”, “cómo es posible que dejases de comentar esto y lo otro”… Sin embargo, la sensación general, una vez pasada la euforia y la resaca, no deja de ser buena, quizá porque acerté quiénes eran los autores de los textos, detalle sin mayor importancia, y en cierta medida baladí, pero que posee el secreto recurso curativo de restañar la angustia de los olvidos.
Ayer fue el examen teórico, el segundo asalto: de 72 temas posibles se sacaban dos bolitas de una lotería de juguete y había que elegir uno… Puede que en algún lugar de este blog haya dado la sensación de que no he estudiado esta oposición, pero eso es una sensación equivocada: en mi vida he estudiado más. Lo que sí es cierto es la sensación de que en mi vida he olvidado más y que, acostumbrado a las distancias cortas, a estudiar con unas pocas semanas de antelación, cuando no el día antes, este maratón se me ha hecho muy duro: me parece imposible recordar lo que empecé a estudiar hace nueve meses… y lo que estudié hace tres semanas. Es desesperante volver sobre un tema ya estudiado y tener la sensación de que es la primera vez. El siguiente paso es que vuelves sobre un tema reestudiado y ya, por lo menos, te suenan los nombres de los autores cuando los lees, pero eres incapaz de convocarlos sin la presencia del esquema o resumen…
Además el día anterior cometí la tontería de echar un vistazo a unos cuantos temas que hacía tiempo que no repasaba: fue una tontería porque lejos de recordar algún dato interesante lo que me produjo fue una terrible sensación de vértigo y vacío, vacío sobretodo intelectual porque en mi cabeza no era yo consciente de que anduviesen tantos nombres y fechas.
A pesar de todo, y por absurdo que parezca, iba al examen con gran confianza, sin apenas nervios. Y es que confiaba en el “enchufe”: ayer, día en el que me examinaba, era el día de san Josemaría, fundador del terrible Opus Dei, a quien tengo gran devoción y le había pedido que me tocase el tema que mejor me supiera, sin ser muy capaz de especificar cuál prefería, quizá el 41. El caso es que me tocó La Celestina, que no es el 41, pero es uno de los quince temas que me había conseguido repasar el fin de semana y al que además había dedicado más tiempo en otra ocasión porque me pidió un amigo que le dejase material sobre La Celestina para hacer un trabajo en la universidad y después me mandó su trabajo para pedirme que se lo corrigiera, como así hice… En fin, quizá no sea divina providencia, quizá sea suerte o casualidad o pura coincidencia, pero como es de bien nacidos ser agradecidos ayer por la tarde fui a la catedral de la Almudena a la misa que se celebraba en honor de san Josemaría…
De todas formas no soy el único con suerte: dándome una vuelta por el foro de opositores de lengua de secundaria, descubro a mucha más gente con suerte, quizá originada por las fuerzas telúricas de la naturaleza. La verdad es que es un foro impresionante, en el que predomina la solidaridad entre opositores que tan pronto te dan ánimos como te resuelven una duda o te facilitan un tema: un foro repleto de buena gente.
En fin, después de este largo desahogo (que he tenido que repetir porque ayer cuando iba a colgarlo se piró la conexión y se me borró enterito), me tengo que poner a acabar la programación didáctica para afrontar el tercer y último asalto. Ya os contaré.

Un comentario en “Fin del segundo asalto

  1. Curioso el relato que haces de toda esta locura, parece que todos lo vivimos de forma bastante parecida. También sería curioso hacer un estudio para ver si las dichosas bolitas de la suerte funcionan mejor con ayuda de la fe. A mi me fue de pena, por ateo, supongo :D.

    Ánimo en la encerrona y a por la plaza.

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